miércoles, 20 de febrero de 2008

Economía



Los efectos de la desaceleración económica y la caída del consumo están impactando de lleno en el pequeño comercio. En enero, 4.042 establecimientos del sector tuvieron que cerrar y darse de baja en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social. Las expectativas son ahora conocer los datos del mes de febrero, ya que tradicionalmente muchos comercios intentar hacer algo de caja con las rebajas para luego cerrar definitivamente sus puertas.

La cifra representa un crecimiento del 300% respecto a la cifra de 1000 registrada en enero de 2007, según la afiliación de trabajadores ocupados de la Seguridad Social.
La pérdida de afiliación de autónomos en el comercio en enero fue de largo la mayor de entre todos los sectores.“Muchos comerciantes han esperado a las Navidades, las rebajas y la liquidación para después cerrar la tienda. Incluso se dan de baja en la Seguridad Social mientras terminan la liquidación, para no seguir pagando la cotización. En nuestro caso, estamos hablando de cierres de establecimientos, no sólo de la pérdida del empleo. Y se hace, no sólo por los efectos inmediatos de la situación económica, sino también por las perspectivas que tienen sobre el consumo de las familias”.
Estas perspectivas son, por ejemplo, el crecimiento del desempleo hasta 132.000 personas en enero, en la cifra mensual más elevada de la historia del registro del Inem. Junto a ello, los hogares están soportando un endurecimiento de los créditos de consumo y, sobre todo, de los hipotecarios, lo que recorta drásticamente su capacidad de compra. En tercer lugar, la inflación en enero se situó en el 4,4%, la más alta desde 1995, mientras los salarios han perdido poder adquisitivo.
Incluso, las consecuencias de la crisis se extienden a todo el sector del comercio. En enero, en el Régimen General de la Seguridad Social, donde están la inmensa mayoría de los trabajadores por cuenta ajena, se perdieron 70.454 empleos, con una caída respecto a diciembre del 2,75%. En términos absolutos, el descenso de trabajadores en el comercio es, con diferencia, el más acentuado de todos los sectores, mientras que, en términos relativos, es el segundo, sólo por debajo del recorte de trabajadores habido en el sector de la intermediación financiera.
Junto a todo ello, y al margen de los problemas que afectan a todo el sector, el pequeño comercio también tiene otras causas propias que explican el cierre del establecimiento. Por ejemplo, la competencia que les hacen los supermercados y, sobre todo, la influencia en los barrios de los establecimientos regentados, generalmente, por ciudadanos chinos, que suelen reunir multitud de productos diferentes, pero de uso cotidiano en los hogares, y a precios relativamente bajos. “Ellos trabajan dentro de la legalidad, pero abren más horas y todos los días, lo que ya no puede hacer el establecimiento tradicional, de la misma manera que no puede competir con las grandes superficies que abren los festivos”, explicaron fuentes consultadas.
Otros sectores que en enero acusaron una notable caída de empresarios autónomos, pero a mucha distancia del comercio, fueron la hostelería, con un descenso de 1.798 afiliados a la Seguridad Social. En tercer lugar, figura el cierre de las múltiples agencias, o chiringuitos inmobiliarios, que se han abierto en los últimos años, por la explosión de la vivienda y que ahora están teniendo las consecuencias del estallido de la burbuja. En enero, este sector perdió 1.650 autónomos, y 1.395 la construcción.
El descontrol de precios frena el gasto familiar

La inflación causa respeto en las familias. El consumo de productos básicos del hogar –alimentos y droguería– creció un 5,5% en 2007, hasta los 64.000 millones de euros, según el Anuario Nielsen. Ésta es la evolución más pobre del sector de los últimos siete años. Y la causa no es otra que la “psicosis masiva” que el repunte de los precios ha extendido en los hogares, según los responsables del estudio. La inflación provocó “una retracción del consumo” en el segundo semestre del año que “ha conseguido arrastrar a todos los sectores, incluidos los productos que no se habían encarecido y los artículos de marcas más baratas”, señala José Luis García Fuentes, director en España de la Consultora Nielsen.
La evolución reciente del comercio es un claro síntoma de la desaceleración económica que la mayoría de servicios de estudios prevé que se produzca en España en los próximos meses. El sector comercial ya sufrió en diciembre una brusca caída de venta nunca antes registrada en un mes marcado por las compras navideñas. La inflación, que desde octubre escala por encima del 4%, y el reciente aumento del paro han elevado la incertidumbre de los hogares, motor del crecimiento económico de los últimos años. Una muestra es el estado en el que se encuentra la confianza de los consumidores, que tocó mínimos históricos en diciembre.

La Iglesia 'huyó' de la bolsa justo antes de empezar la caída

¡Gracias a Dios! Eso es a lo que han debido pensar los asesores financieros de la Iglesia cuando en el tercer trimestre del año pasado y con los mercados en máximos históricos, decidieron que lo mejor era dejar la bolsa e invertir en renta fija. Nadie se podía imaginar entonces la caída tan brutal que se iba a producir, pero la Conferencia Episcopal fue ágil y, sobre todo, prudente.

Según la teología cristiana, la avaricia es uno de los pecados capitales y la Iglesia, lógicamente, no estaba dispuesta a cometerlo. Por ello, ha decidido apostar sobre seguro y destinar un 60 por ciento de su patrimonio en bolsa a letras y bonos del tesoro, mucho más seguros. Justo antes de que empezara la crisis, vendió títulos por 364.000 euros en BBVA, 258.000 en Bolsas y Mercados Españoles, 239.000 en Amper, 222.000 en Indra o 221.000 en Altadis, entre otras muchas compañías.

Las inversiones

En junio, la Conferencia que preside monseñor Ricardo Blázquez, tenía en total 5 millones de euros en renta fija y casi 13 millones en variable. Pero ahora las cosas han cambiado y, según los datos que se acaban de comunicar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), la situación es justo la contraria. La Iglesia tiene 9,5 millones invertidos a interés fijo y sólo 7,7 millones en bolsa. Habrá quien piense que tiene asesores divinos, pero lo cierto es que gracias a este movimiento acumulaba hasta octubre unos rendimientos anuales de 400.000 euros y su inversión está más garantizada que antes.

La Iglesia invierte a través de Sicavs o sociedades de inversión que gozan de un tratamiento fiscal favorable, puesto que los beneficios sólo tributan al 1 por ciento. La más importante es Umasges, en la que participan los Arzobispados de Madrid y Burgos, pero que está controlada por Mutua Umas -posee el 51,7 por ciento-, una aseguradora creada por la Conferencia Episcopal en 1981. Pero hay también otras dos, en las que están también otros Arzobispados e incluso el banco portugués Espirito Santo: Vayomer y Gran Premiere.

Actualmente, la principal inversión de la Iglesia en bolsa está en GAM, una compañía especializada en el alquiler de maquinaria a la que ha destinado 682.000 euros. Y, desde luego, no le falta ojo. Los títulos de esta empresa cotizan actualmente a 18 euros y, según el consenso de analistas, puede llegar a revalorizarse hasta un 66 por ciento, alcanzado a corto o medio plazo los 30 euros por título.

A la espera de Iberdrola

Entre sus principales activos figuran también Iberdrola y Unión Fenosa -en las que tiene casi un millón de euros-, a la espera, posiblemente, de que la constructora ACS , con un 13 por ciento de la primera y un 45 por ciento de la segunda intente una fusión entre ambas. A nivel internacional destaca también, por ejemplo, su apuesta por la eléctrica alemana RWE frente a su salida del capital de E.ON.

La Conferencia Episcopal demuestra así que prefiere pisar sobre seguro y no jugársela demasiado con su patrimonio financiero. Sobre todo, después de varios años en los que sus inversiones no eran tan rentables como ahora y de verse atrapada, incluso, en casos como el de Gescartera, la agencia de valores intervenida en 2001 por la CNMV y en la que más de 30 organizaciones religiosas habían invertido 1.885 millones de las antiguas pesetas (11,3 millones de euros). La implicación de la prelatura en este escándalo despertó un acalorado debate sobre las inversiones eclesiásticas, sobre todo teniendo en cuenta que la Conferencia Espiscopal recibe unos 150 millones de euros anuales como asignación tributaria, que se descuentan del IRPF.

Aunque no hay datos oficiales, se calcula que el clero gestiona, en conjunto, alrededor de 600 millones de euros anuales en España. Al margen de la partida de la Agencia Tributaria, este dinero procede esencialmente de las subvenciones que recibe para el funcionamiento de los colegios religiosos (tanto los privados como los concertados) de las rentas que genera su patrimonio inmobiliario y de los donativos de los fieles.