miércoles, 28 de octubre de 2009

Escuela de tortura animal


El Gobierno Andaluz continúa su aberrante y estrafalaria cruzada a favor de la tauromaquia, y en ese inútil afán por recuperar prestigio y afición para lo que no son ya más que los patéticos vestigios agonizantes de una tradición degenerada e infame.

Charlas, coloquios, corridas gratuitas o descuentos para niños, ferias, libros, búsqueda de patrocinadores, presencia en los medios de comunicación... toda una campaña muy bien organizada y convenientemente maquillada bajo mil disculpas pero que a decir verdad, no puede disimular lo que bajo ella subyace: la exasperación de los círculos taurinos por el paulatino e imparable declinar de su fiesta, y sus mezquinos y esperpénticos esfuerzos por impedir lo inevitable presionando al poder, pues de influencias no carecen, además del apoyo de un mayestático taurino y escopetero de caza mayor

Y entre tanta maniobra pensada para que a estas alturas, nos sigamos creyendo que martirizar hasta morir a un animal es un modo adecuado e indispensable de transmitir belleza, sensibilidad y cultura, para pretender que contemplemos bondades donde sólo hay dolor, sangre y muerte, la última perversión que nos llega es la de la apertura de una escuela taurina en Cádiz, y con ésta ya son veintitrés las que existen en Andalucía. .

No se pierdan la justificación para su creación, pues para los responsables constituye: "un instrumento fundamental para canalizar el potencial de los jóvenes andaluces aficionados a este arte y ofrecerles la oportunidad de aprender con independencia de la capacidad económica de sus familias"..

¿Arte?. No Señores, se están equivocando, porque si para manifestarse le cuesta la vida a alguien ya no es una expresión artística, sino un crimen. El alanceamiento, la evisceración, la mutilación o el descabello de un ser vivo, es cierto que como el arte, requieren que alguien esté en disposición de llevarlos a cabo y que posea la siniestra habilidad necesaria para ello, pero nunca la exteriorización de un acto humano ha merecido el calificativo de artística, si ha sido necesario torturar y asesinar para realizarla. De otro modo, los crímenes de Jack el Destripador, por lo certeros e impunes, o los del Régimen Nazi, por lo numerosos y prolongados, deberían también alcanzar la categoría de arte. Qué despropósitos los míos, ¿verdad?, seguramente, en su doble moral, interesada y rastrera, no conciben como puedo establecer tales comparaciones. Tal vez porque no soy especista. .

Y luego tenemos a los jóvenes. Están instruyendo en la tortura a los mismos que luego dicen proteger luchando contra el “botellón”, informándoles sobre los riesgos de las drogas o de las enfermedades de transmisión sexual, amparándoles ante el abandono, la crueldad o la explotación, educándoles en la tolerancia y en la comprensión... Sí, todo eso está muy bien, pero, ¿no les parece una muestra de cinismo permitir y alentar que por otra parte, crean que infligirle padecimiento extremo a un animal como forma de espectáculo popular es una salida laboral digna para ellos?. Están consintiendo y poniendo los medios para que unos niños se conviertan en torturadores y matarifes profesionales, y eso es degradante y repugnante. .

Al final de su estremecedor argumento, echan mano del sentimentalismo tratando de rozar la fibra solidaria de la Sociedad, y para eso nada mejor que presentarse como unos mecenas de la educación, explicando que aunque las familias de los futuros verduguillos no tengan poder adquisitivo, Ustedes se harán cargo de los gastos generados durante la formación. Se puede emplear dinero en fabricar armas para vendérselas a países en guerra y que sean utilizadas por niños soldado, en crear redes de narcotráfico y conseguir que muchos jóvenes se conviertan en drogadictos para asegurarse la clientela, o en enseñar a adolescentes cómo torturar animales, empezando por becerros y novillos, para acabar con toros al final del proceso de aprendizaje. Ustedes han escogido esta última vía como modelo de inversión. .

Con esta Escuela recién creada en Cádiz dan un paso más hacia atrás y siguen sumidos en las sombras de la ignorancia y del atraso, pero no pretendan que los ciudadanos les acompañen en ese viaje a través del sufrimiento y de la vergüenza porque cada día, encuentran menos hombres tan ruines y egoístas como para que les satisfaga cometer semejantes atrocidades con un toro. Ya sabemos que detrás de todo esto, lo que hay realmente es la rabia de algunos por su lucro cesante al estar desapareciendo la tauromaquia, pero como ese hecho es lógicamente inconfesable ante la opinión pública, siguen enredando con sus argumentos falsos y retorcidos: los de la especie y dehesas en peligro, lo de que es una lucha de igual a igual, que representa a la vida misma... y toda esa serie de majaderías que tanto les gusta repetir dentro y fuera de nuestro País. .

La última es que se declaren las corridas de toros “Bien de Interés Cultural” y hasta “Patrimonio de la Humanidad”, dicen algunos en el colmo de la enajenación mental. Caballeros, el toreo es un cadáver del que cada día se alimenta menos carroña. Hagan el favor de asumirlo pero sobre todo, por favor, dejen de invertir dinero público en abrir escuelas donde se enseña a los niños una actividad cuya prohibición, se está extendiendo sin cesar, por el bien de todos, empezando por el de los toros, esos a los que tanto dicen querer Ustedes, pero luego les cortan las orejas, el rabo y los sacan de la plaza arrastrándolos y dejando un reguero de sangre tras de si. La tauromaquia está llena de hipocresía, de sadismo y de oscurantismo