sábado, 9 de febrero de 2019

Una buena noticia: España, segunda en el ránking de bosques de Europa



Tenemos 7.500 millones de árboles en 18 millones de hectáreas que nos colocan en segunda posición en el ránking verde del continente, que encabeza Suecia. Esta masa forestal ha aumentado un 31% los últimos años gracias a la protección. Sin embargo, los expertos advierten: bosques más poblados no es sinónimo de más saludables. Estas son las especies más abundantes.
Mirando al cielo, una cúpula de casi 40 metros de altura formada por hojas de color verde claro, amarillo, rojo y ocre lo cubre todo. En el suelo, los mismos colores se mezclan formando una alfombra que amortigua los pasos y hace que el crujido de cualquier rama bajo los pies se acreciente hasta darnos la sensación de que, en ese momento, en el mundo no existe nada más que los árboles y nosotros.
 
 
 
Así es la Selva de Irati, en Navarra, el segundo hayedo mejor conservado y más extenso de Europa -17.000 hectáreas, u otros tantos campos de fútbol- después de la Selva Negra alemana. Y también uno de los muchísimos bosques españoles que sitúan a nuestro país en segundo lugar en extensión forestal del continente sólo por detrás de Suecia, con 18 millones de hectáreas arboladas, y una superficie forestal del 55%. La frondosidad de Irati, que muestra en otoño su cara más mágica, no es excepción en España. Las mismas sensaciones se pueden experimentar en el Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera, en la reserva asturiana de Muniellos, la Pardina Ballarín, en Huesca, o las Fragas do Eume, en La Coruña. En Cazorla, Jaén, y en el Parque Natural de Grazalema, en Cádiz. Hayas, robles, encinas, alcornoques, pino, abeto...

La lista de parques y especies es casi interminable, no sólo vegetales sino también animales: de éstas últimas nuestros bosques albergan entre 60.000 y 70.000, lo que representa el 5% del total mundial, y más del 50% de la Unión Europea, según la Sociedad Española de Ciencias Forestales (SECF). Que España luzca así de verde se debe, en parte, "al gran esfuerzo que ha hecho en materia de protección. En nuestro país existen muchos bosques protegidos, lo que ha redundado en que, desde los años 90, haya aumentado considerablemente la masa forestal", explica María Melero, técnico del programa de bosques de World Wide Foundation (WWF), la mayor organización conservacionista del mundo. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (Mapama), en España hay 11,2 millones de hectáreas de superficie forestal protegida, y la extensión de nuestros bosques aumentó un 31% de 1990 a 2010. Sin embargo, Jordi Vayreda, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB) advierte de que este dato "no tiene por qué ser necesariamente bueno, dado que en su mayor parte el aumento de bosque se debe al abandono de su gestión, generalmente porque ya no es rentable". Este ecólogo catalán añade que "hoy en día el 80% de los bosques de España son de propiedad privada, sobre todo en Galicia, y no tanto en comunidades como Castilla y León.
 
La encina, la reina
A vista de pájaro, España es una piel de toro vestida de lunares: las abullonadas copas de las encinas representan el 20% de los aproximadamente 7.500 millones de árboles que se calcula hay en España. Junto con otro árbol frondoso, el alcornoque, convive en las dehesas, la formación más abundante de nuestro suelo, que representa el 15% de los bosques, y cubre un total de 2,7 millones de hectáreas. Además de dominar el paisaje de gran parte de Extremadura, Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Madrid, encinas y alcornoques producen el corcho que convierte a España en el segundo productor mundial después de Portugal, con una facturación que supera los 210 millones de euros anuales. El segundo árbol que más sombra nos da es el pino carrasco, un 11,3% del total según el MAPAMA. Pero esta conífera está perdiendo terreno ante el rápido avance de la encina, según el CREAF. Al parecer, esto tiene algo de reivindicativo, pues según Vayreda, "esta sustitución podría ser considerada una reocupación. La encina es una especie típicamente mediterránea que ya hace años que podría haber ocupado grandes extensiones de la Península, pero con la gestión forestal y por razones económicas se han favorecido los pinos -en detrimento de las encinas-, porque la madera se pagaba mejor".

Mientras tanto, en el Norte, son los impresionistas hayedos los que recuperan terreno en detrimento de las coníferas. Todo esto y más se sabe gracias a uno de los proyectos más importantes emprendidos nunca en relación a nuestros bosques: el Inventario Forestal Nacional (IFN) que se realiza cada 10 años, y que aporta datos sobre la superficie forestal, sus especies, su crecimiento, distribución y características del suelo. También incluyen indicadores sobre regeneración, biodiversidad, salud, vitalidad, selvicultura y regímenes de propiedad y protección.
 
Bajo aprovechamiento maderero

Desde el MAPAMA explican a Fuera de Serie que "Castilla y León, con casi tres millones de hectáreas de bosque, se mantiene como la comunidad autónoma con más superficie forestal arbolada, si bien la que cuenta con mayor proporción de bosques es el País Vasco, donde ocupan el 55% de su territorio". María Melero cree que "el Gobierno debería hacer esfuerzos para conseguir que los bosques españoles volvieran a ser rentables y se realizara una buena gestión. Habría que darles valor y fomentar su aprovechamiento, sus potencialidades económicas. Esto generaría empleo y fijaría la población mitigando el despoblamiento.
 
 
Hay muchos recursos naturales que no se aprovechan, y se priman los productos de fuera". La Sociedad Española de Ciencias Forestales (SECF) señala en su último Informe de Situación de los Bosques y el Sector Forestal en España que "desde 2008 hasta 2014 (último dato disponible) se ha perdido un 39% del empleo en la industria forestal. Y que entre 2008 y 2014 el valor añadido bruto del sector se ha reducido en más de un 31% (a precios corrientes)". La tasa de aprovechamiento de nuestros recursos forestales madereros, algo más del 40% -Eucalyptus globulus y Pinus pinaster fueron las dos especies más aprovechadas en España en el año 2010, con 4,8 y 3,2 millones respectivamente-, nos sitúa a la cola de Europa, por detrás de países con menos madera como Alemania, Francia y Portugal, que aprovecha más del 80%.

De hecho, y según el SECF, en 2010 se importaron productos de madera por valor de 91,5 millones de euros y se exportó una producción por valor de 67,1 millones de euros. España es deficitaria en todos los productos forestales de origen maderable (carbón vegetal, astillas y partículas, residuos de madera, madera aserrada y pasta de papel) salvo en la comercialización de tableros de madera. En lo que sí destacamos es en el aprovechamiento de recursos no maderables, como el corcho, la resina y los piñones, así como la castaña, la trufa y los hongos -el de mayor valor económico-, sin olvidar la caza y la pesca -segundo de mayor valor-. También en producción de ciencia forestal -publicaciones-, campo en el que somos décima potencia mundial y cuarta de Europa, añade el SECF.
Apps y drones para proteger los bosques

El pino carrasco es la segunda especie más numerosa (11,3%). Pero la encina le come terreno.

Los expertos afirman que la extracción sostenible de madera ayudaría también a combatir la principal amenaza de nuestros bosques, la sequía. Según la Sociedad Española de Ciencias Forestales, el 33% de la superficie forestal española está en riesgo de desertificación alto o muy alto. De hecho, España, dada su gran diversidad de hábitat y específica, está considerada como una de las 25 zonas del planeta donde el riesgo de pérdida es mayor. "El cambio climático está provocando muchos cambios muy drásticos. Las olas de calor como la que hemos tenido este verano se irán alargando. Habrá menos agua para más árboles", apunta Vayreda. Para luchar contra ello, advierten los expertos, hay que aprender a gestionar los bosques para adaptarlos, dado su importantísimo papel en la mitigación del cambio climático. Además, reabsorben el 25% del CO2 en el mundo, que es el causante del efecto invernadero, purifican el agua, y modifican la temperatura del aire. Desde el CREAF, Vayreda y sus colegas coordinan dos proyectos que buscan monitorizar el impacto de la sequía en Cataluña: DeBosCat, que hace un seguimiento por medio de agentes rurales, y Alerta Forestal, un proyecto 2.0 de participación ciudadana que busca convertirse en un gran sistema de alertas tempranas sobre la salud de los bosques.

"Gracias a una APP, los ciudadanos pueden enviar cuatro alarmas vinculadas a situaciones de riesgo en los bosques", explica Vayreda. "La uno es por sequía, la dos por la procesionaria, la tres, daños por nevadas, y la cuatro por viento". La mencionada procesionaria, que teje en los pinos sus nidos blancos, se ha vuelto un insecto voraz. "Se come la hoja del pino, que normalmente se regenera. Pero desde hace cuatro años se ha vuelto tan agresiva que a los pinos ya no les da tiempo de regenerarse, y mueren". Esto es también efecto del cambio climático, pues "ya no llueve como antes, que era lo que mantenía su población bajo control". Como lo es, también, el viento. "En diciembre de 2014 un golpe de viento que no era el habitual en una zona de Cataluña arrasó un bosque e hizo caer todos los árboles como palillos. En lugares donde normalmente no hay viento, éste puede acabar con un bosque en horas".

Como parte de ese sistema de alertas el CREAF ofrece así mismo protocolos para la protección de los bosques con drones privados. Tras un 2017 que fue el tercer peor año de la década en lo que a incendios se refiere, con 11.150 y una superficie forestal afectada de 105.122 hectáreas, así como 23 grandes incendios -de igual o más de 500 hectáreas-, 2018 está siendo el mejor del decenio. El Mapama afirma que hasta el 9 de septiembre se han registrado la mitad de fuegos de los que suelen declararse: 5.339 frente a 10.150, y sólo tres pueden considerarse grandes incendios. Podría ser por la concienciación y colaboración ciudadanas, pero también por la reforma del código penal de 2015: ésta establece penas de cárcel por provocar incendios. Hasta 20 años de prisión.